Una vez alguien me dijo: intentar disimular el acento es avergonzarte de tu origen. Y siempre me ha dado que pensar. De dónde vienen los diferentes acentos y por qué son tan variados aún dentro de un mismo territorio. Resulta, cuanto menos, curioso que un estado como es España haya semejante variedad de acentos, sin contar con los que hallar fuera de aquí que amplían notablemente la diversidad que enriquece el español.

Pero hay algo en lo que no estoy tan de acuerdo, y que por desgracia, tiene difícil solución. Y es que, la percepción que se tiene de los distintos acentos es, muchas veces, equívoca y llega incluso a ridiculizar a los habitantes de algunas regiones. El acento forma parte del espíritu y del carácter de cada comunidad, pero esto no debería implicar ningún estereotipo.


Me explico, centrándonos en nuestra comunidad, y obviando las diferencias entre provincias, estaremos de acuerdo en que se nos suele identificar con gente campechana, lo cual no es malo, pero a veces se traspasa la línea y se nos representa con la boina, la gayata y las alpargatas… y, sin menospreciar a aquellos que todavía usan dicha indumentaria, ya no resulta tan gracioso si evoca un tono jocoso. A veces, no somos conscientes del acento que tenemos al hablar, hasta que nos juntamos con gente de otras comunidades, que no duda en comentarlo a los pocos segundos de escucharnos. Normalmente, por lo que he podido comprobar, el “acento maño” resulta simpático, sin embargo, algunas personas adoptan cierta actitud del tipo “¡Uy qué acento!, ¿eres de pueblo?”; como si los de Zaragoza capital no tuviéramos acento.

En mi opinión, la variedad de acentos enriquece la lengua utilizada en cada comunidad, y por suerte, en Aragón tenemos matices muy numerosos que, quizá no todos son capaces de apreciar. Entonces, ¿por qué hay gente, que según en qué situaciones, intenta disimular el acento? Los andaluces no intentan pronunciar bien las “s” o las “c”, ni los catalanes ponen atención en suavizar la pronunciación de la “l”, o los gallegos y asturianos tampoco se plantean disimular la entonación cantarina. Si en otras comunidades llevan el acento con orgullo o simplemente lo asumen como parte de ellos, en Aragón deberíamos hacer lo mismo; pero el resto también debería concienciarse de que el acento de una persona no conlleva la pertenencia grupo social, la falta de cultura o cualquier otra derivación no relacionada con el acento.

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